Cómo No Alcanza
Algo Es la Clave para Alcanzarlo
-- por Peter Bregman, http://www.bregmanpartners.com
-- http://www.redtienda.com/newsletter122.htm#1Hace muchos años,
cuando recién inicié mi firma de consultoría,
una amiga mía, Jane*, quien trabajaba para una
grande compañía, sugirió que yo hable con su
colega, un hombre llamado Fred, quien podría
estar en posición de contratar a Bregman
Partners.
Así que
le llamé a Fred, mencioné a Jane y pedí tener
una reunión con él. Estoy muy ocupado, me dijo
Fred, hablemos sólo por teléfono.
Pero yo
sabía que el teléfono no lo lograría. Y ¿qué
tal para el almuerzo? Yo sugerí. O ¿un trago
después del trabajo? O tal vez ¿sólo unos
quince minutos en persona en algún lado?
Fred
finalmente accedió a un almuerzo corto. Luego lo
canceló. Lo reprogramamos. Él lo canceló
nuevamente. Lo reprogramamos nuevamente. Él lo
canceló nuevamente. Era claro que él no quería
reunirse conmigo. Casi me rindo.
Pero
aquí está lo que me di cuenta: si yo podía
evitar reaccionar a mis sentimientos de
frustraciónón o resentimiento, entonces el
costo para mí de reprogramar la reunión era una
llamada de dos minutos con la secretaria de Fred.
Y lo bueno era potencialmente enorme.
Así que
yo seguí reprogramando hasta que, un día,
varios meses más tarde, Fred no canceló y
almorzamos. Fue muy rápido, por supuesto, pero
lo suficientemente largo para pedirle a él que
me permita enviarle una propuesta. Un par de
semanas más tarde se la envié, el me dejó un
corto mensaje explicando que yo había fallado
pero que me mantendría en mente. Bien.
Me sentí
ofendido. Todo ese trabajo que yo invertí y todo
lo que conseguí fue ¿un correo de voz?
Nuevamente, casi lo abandono.
Pero en
su lugar yo llamé y solicité otro almuerzo para
comprender lo que había entendido mal. Él se
rehusó pero yo le sugerí hablar con su colega,
Lily, quien estaba en un diferente departamento y
podría tener una necesidad para mis servicios.
Así que
organicé una reunión con Lily. Quien la
canceló. Mientras me preparaba para
reprogramarla yo noté algo inesperado: comencé
a disfrutar del proceso de tratar de conseguirlo,
el desafío de hacer la venta. Se convirtió en
un juego para mí y mi meta era seguir jugando
hasta que, en algún punto, yo diría lo correcto
a la persona correcta y logre poner mi pie en la
puerta. Yo estaba, sorprendentemente,
divirtiéndome.
Y estaba
comenzando a ser bueno en eso. Programar.
Reprogramar. Encontrar una manera de mantener la
conversación. Tú pensarías que no sería algo
difícil o útil el llegar a ser bueno en eso
pero estarías equivocado en ambas.
La
mayoría de nuestros trabajos dependen de la
repetición. Así es como nos volvemos buenos
para algo. El problema es que nos rendimos muy
pronto porque cualquier cosa que hacemos
repetitivamente se vuelve aburrida.
Eso es, a
menos que tengamos un gusto peculiar para la
tarea; si captura nuestro interés. Por alguna
razón, tal vez nosotros ni siquiera comprendemos
y no tenemos que nosotros lo
disfrutamos.
Así es
como yo aprendí a pararme de manos. Siempre me
pareció completamente fuera de mi alcance. Pero
entonces alguien me dijo que lo aprendió ya de
adulto. Así que me imaginé que yo podría
aprender también. Me tomó seis meses pero ahora
puedo, algo confiado, pararme de manos.
Lo que me
ha llevado a creer que cualquiera puede hacer
cualquier cosa. Siempre y cuando existan tres
condiciones:
1.
Tú quieres conseguirlo.
2. Tú crees que puedes
conseguirlo.
3. Tú disfrutas tratando de
conseguirlo.
A menudo
pensamos que solamente necesitamos las primeras
dos pero es la tercera condición que es la más
importante. El tratarlo es la realidad del día a
día. Y tratar de conseguir algo es muy diferente
que conseguirlo. En realidad es lo opuesto. No es
alcanzarlo.
Si tú
quieres ser un gran comerciante, tienes que
pasarte años siendo uno torpe. ¿Quieres ser un
magnífico gerente? Entonces mejor será que
disfrutes siendo uno pobre por un tiempo
suficiente como para llegar a ser uno bueno.
Porque esa práctica es la que se necesita para
eventualmente llegar a ser uno excelente.
En su
libro Outliers, Malcolm Gladwell discute sobre
una investigación hecha en la Academia de
Música Berlín. Los investigadores dividieron a
los estudiantes de violín en tres categorías:
las estrellas, los intérpretes buenos, y los que
llegarían a ser profesores pero no intérpretes.
Sucede que el predictor número uno para
clasificar a un violinista en una categoría era
el número de horas de práctica.
Los
futuros profesores habían practicado 4,000 horas
en su vida. Los buenos intérpretes, 8,000 horas.
¿Y aquellos que fueron categorizados como
estrellas? Cada uno de ellos había practicado
por lo menos 10,000 horas.
Y aquí
está la parte convincente: No existe un sólo
violinista quien no haya practicado 10,000 horas
que no sea una estrella. En otras palabras,
10,000 horas de práctica garantizarían que seas
una estrella violinista. De acuerdo con Gladwell,
10,000 horas de práctica es el número mágico
para volverse el mejor en cualquier cosa.
Por lo
tanto es mejor que disfrutes tratando de alcanzar
tus metas. Porque nunca vas a pasar 10,000 horas
haciendo algo que no disfrutes. Y si no disfrutas
la parte de tratar, nunca lo harás por el
suficiente tiempo como para lograr tu meta.
Eventualmente,
después de cinco o seis reuniones canceladas,
Lily y yo nos reunimos para almorzar. Lo cual
resultó ser el momento perfecto. Cuando
finalmente nos reunimos, ella tenía una
necesidad real, la cual no había existido cuando
recién comenzamos a planificar una reunión.
Para este
tiempo, yo le era familiar a ella y a la
compañía aunque nunca había hecho ningún
trabajo para ellos. Yo había estado rondando por
meses y ellos confiaban en mí porque cumplí con
cada promesa que les hice.
Ese año
firmé un contrato grande con la compañía de
Lily. Doce años más tarde, ellos aún son un
cliente grande de Bregman Partners. Y aún
cancelan un montón de reuniones conmigo.
*Alguna
información ha sido cambiada para proteger la
privacidad de las personas.
|